Comunicación en la Iglesia

Una española en la comunicación vaticana

Los tiempos cambian, y con él las instituciones y las formas que tienen de comunicar y comunicarse con quienes les rodean. Por eso, no he podido por menos que alegrarme (y mucho) esta semana por la noticia de los cambios en la Sala Stampa vaticana, algo así como el departamento de comunicación y la portavocía de la Santa Sede. Y no porque no admirara el ímprobo trabajo del Padre Lombardi a lo largo de estos años, que no ha debido ser nada fácil (entre renuncia papal, cónclave y escándalos varios). Sino por el hecho de ver al estadounidense Greg Burke y a la española Paloma García Ovejero, dos laicos, al frente de esta Oficina. Un gran acierto, sin duda, que redunda en la profesionalización de la comunicación eclesial, que se viene gestando desde hace tiempo. Y es que no eran pocas las voces que tachaban a la Iglesia de inmovilista y “anticuada” en este sentido, algo que han venido cambiando recientemente con su renovada Secretaría para la Comunicación, con Darío Viganó al frente.

La Iglesia tiene en su misma raíz el impulso de comunicar, de salir al encuentro del otro y testimoniar un mensaje: el de la Verdad que hace libres. Así se lee en el mismo Evangelio, en el envío de los Apóstoles al mundo (“Id y predicad”); y así ha quedado constancia a lo largo de los siglos en la historia del cristianismo, desde las formas periodísticas más primitivas (como las epístolas de San Pablo), hasta las comunicaciones más recientes, que incluyen la firme apuesta por el uso de las nuevas tecnologías. Durante este tiempo, la Iglesia ha sabido adaptarse a los cambios sociales y comunicativos, tal vez en ocasiones con lentitud, pero siempre con el objetivo de esa transmisión de su mensaje de la manera más efectiva posible. De ahí los mensajes papales en las Jornadas de las Comunicaciones Sociales, la entrada del Papa en Twitter o Youtube, y la profesionalización de sus gabinetes de prensa.

Cuando yo entré a trabajar por estos lares hace casi 13 años, recuerdo un panorama bien distinto al actual. En las reuniones de los responsables de comunicación de las diócesis, donde nos juntábamos casi un centenar de personas, casi el 90 % de los allí presentes eran sacerdotes, muy pocos de ellos periodistas. Sobra decir el escaso número de mujeres: recuerdo a Amparo (de Salamanca), a María (de Almería), a una chica de Valencia … y poco más. Ahora, las cosas han cambiado, y si bien siguen siendo muchos los sacerdotes que ejercen ese puesto de director/delegado de comunicación, estos cuentan con los conocimientos y la especialización periodística correspondiente; encontramos también muchos más laicos, y por supuesto, la presencia femenina ha crecido exponencialmente. Se agradece. Hablamos de un nivel local, nacional, pero que tiene su reflejo en lo que está pasando en la Iglesia universal con este doble nombramiento. Especialmente, en el caso de Paloma.

No he llegado a conocerla, pero me hubiera encantado. Y, aunque mis contactos con ella se han limitado a intercambios de whatsapps, correos y llamadas, podría afirmar sin dudarlo que es de esas personas que no son malas porque no sabrían cómo serlo. A mí no me conocía de nada, pero me ayudó como nadie. Nuestra “relación” se forjó al amparo del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa. Tantos viajes de abulenses al Vaticano, tantos comentarios, tantos rumores sobre una posible venida del Papa a Ávila … Al final, siempre estábamos en contacto, compartiendo información, explicándome la situación, o simplemente comentando las noticias que salían al respecto. Hablábamos de conocernos en verano, en un hipotético viaje del Santo Padre a nuestra ciudad … pero ahí se quedó el tema. Siempre agradeceré su disponibilidad, su amabilidad, la generosa entrega del fruto de su trabajo, siempre pendiente. Y nunca olvidaré aquella llamada del 31 de diciembre de 2014 a mi móvil, en la que, al ver prefijo de Roma, se me puso el corazón en la boca: Paloma tan sólo quería felicitarme el año, y darme ánimos para los meses de arduo trabajo que estaban por venir. Son detalles que marcan la diferencia entre el frío periodista, y la periodista que, ante todo, es persona.

Por eso me alegro. Por Paloma, y por la Iglesia en general, que no podría haber elegido mejor. Y no es que sea noticia que una mujer ocupara la vicedirección de la Sala Stampa, sino que lo hará una excelente comunicadora, que continuará la senda emprendida por sus antecesores para lograr una verdadera profesionalización de la comunicación eclesial. La barca de Pedro rema en la buena dirección.

 

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