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¡Ay, los grupos de Whatsapp del cole!

Tengo dos niñas en edad escolar. Y soy de las que piensa que es fundamental la implicación de los padres en el proceso educativo de los hijos, no “aparcarlos” en la escuela para que les enseñen allí. Por eso, cuando la madre de una compañera de mi mayor me invitó a formar parte de un grupo de whatsapp con otras mamás de la clase no lo dudé ni un segundo. “¡Esto es genial, poder consultar dudas y estar conectada con gente como yo!”. Ese fue mi primer pensamiento. Hace ya 3 años. Ahora, las cosas se ven de otra manera.

Y voy a utilizar el blog por primera vez para desahogarme: ¡¡¡estoy cansada de los grupos de whatsapp del cole!!! (verás cuando lo lean otras madres …) A ver, no es que los vea completamente negativos, pero ciertas conversaciones terminan por cansarte. Muchas veces.14258095892847 Sobre todo por la noche, cuando el cansancio apremia. Sí, es verdad que el whastapp es una herramienta a priori fantástica, puesto que nos permite estar en contacto con las madres (ojo, algún padre también, aunque son la excepción) de los compañeros de nuestros hijos; un contacto de mucha utilidad si nos dedicásemos únicamente a intercambiar información sobre cumpleaños, reuniones, trabajos en grupo, material extraviado. Desgraciadamente, esto es una utopía. Y es que hemos pasado de los corrillos a las puertas del cole a los corrillos en los grupos de whatsapp, con todo lo que esto conlleva.

No voy a entrar en el problema más conocido y preocupante, que es el de las críticas a profesores y al centro educativo en el grupo. Más que nada porque, gracias a Dios, no lo he vivido de primera mano. Pero sí en otro que afecta directamente a la educación de nuestros hijos. Últimamente, cuando me conecto al grupo del cole, tengo “complejo de agenda”: aparecen preguntas sobre la tarea del día, sobre qué materiales les han pedido en una determinada asignatura … Y veo madres verdaderamente agobiadas por este asunto, demandando celeridad en la respuesta para que el niño no se quede el día siguiente sin llevar los ejercicios. Ya cuando crecen y empiezan a tener exámenes, circulan todo tipo de mensajes sobre lo que entra o no entra para la prueba y, de verdad, es estresante. Y luego, cuando algo de los deberes está poco claro o hay dudas sobre su procedimiento, también se consulta por whastapp. ¡Terminamos haciéndoles los deberes nosotros!

Vale, he de confesar que yo lo he hecho una vez, y reconozco que llegué a preocuparme; eso sí, a mi enana le quedó claro que aquella vez fue la primera y la última, y se lo recuerdo en cada ocasión que ella misma me dice “pregúntalo a otras mamás por whastapp” y yo me niego rotundamente. La sensación general es que los grupos se han convertido en un verdadero “mercado negro” de los deberes, convirtiendo a los padres en secretarios de sus hijos, preocupados por esa presión social del éxito personal. Que no digo yo que nos despreocupemos totalmente de lo que tiene que hacer el niño, pero estar pendiente no significa asumir su parcela de responsabilidad. ¿O sí?

Como en muchas otras facetas de la vida, estamos cercenando la libertad y autonomía de los niños, haciendo que deleguen sus obligaciones escolares en nosotros. Porque, piensa fríamente: ¿qué pasa si un día no llevan la tarea hecha? Lo más probable, que para la siguiente vez estén más atentos en clase, espabilen y lo apunten para no olvidarse. Tan importantes son los deberes como la educación en responsabilidad, algo que, si aprenden de pequeños, podrá ayudarles mucho en la vida. No estamos haciendo ningún favor a nuestros hijos si les sobreprotegemos y terminamos haciendo su trabajo. Si en el colegio les intentan inculcar ese hábito de la responsabilidad, que empieza por acordarse de hacer los deberes o de qué lecciones entran en un examen, ¿quiénes somos nosotros, padres, para montar una red social paralela que les sirva a ellos como un colchón de seguridad?  ¿De verdad alguien nos ha pedido a los padres que nos ocupemos de eso?

Lo más importante para la educación de nuestros hijos es hacerles comprender que tienen ciertas obligaciones, y que nosotros estaremos ahí para apoyarles y ayudarles en lo que necesiten, pero no para dárselo todo mascado y regurgitado. Es necesario que entiendan que los padres somos un gran apoyo, pero que ellos deben asumir ciertas responsabilidades, pequeñas, a su nivel. Y que son capaces de hacerse cargo de ellas sin que esté sonando continuamente nuestro móvil, agravando nuestro estrés con cada pitidito. Formemos personas autónomas, y no autómatas dependientes.

Por cierto, te recomiendo la lectura de este artículo de Noelia López, del que se hicieron eco varios medios de comuniación: “Me niego a ser la agenda de mi hija por el whatsapp”.

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